La ansiedad es uno de los factores psicológicos que más influye a la hora de coger kilos, a veces casi de manera automática la persona calma sus nervios comiendo comida de manera compulsiva, revolucionando por completo los horarios que habitualmente tenía para comer. Tras ingerir esos alimentos, la persona cree tranquilizarse saciándose con productos que para nada son saludables, como son los dulces, los azucarados, snacks, las comidas con más grasas, las chucherías entre otros. Comer todo eso le produce un bienestar que necesita volver a repetir cada vez que ese estado de angustia y nerviosismo se repite, ven en ello una especie de parche que les ayuda a pasar el trago, pero que en realidad tiene un trasfondo y unas causas que le llevan a adquirir ese hábito, y que es necesario conocer para romper con ello y solucionarlo sin recurrir a la comida.

Qué influye en su desarrollo:

  • La compra indebida de productos alimenticios, que acaban convirtiéndose en una tentación cuando aparecen los síntomas de ansiedad, la persona los compra aun sabiendo las consecuencias de tenerlos en la nevera o en la despensa. Lo mismo pasa con bebidas azucaradas, con el consumo excesivo del café, o de otras que alteren el cuerpo como las bebidas energéticas.
  • La alteración de las horas del sueño, debido al estado de inquietud y ansia que hace que a lo largo de la noche la persona se levante para comer y beber por lo que en muchas veces extiende las horas que permanece sin dormir y durante el día no rinde como debe. Poco a poco ese cansancio se va a acumulando en el cuerpo y deriva en otros problemas psicológicos de mayor índole. Además, cuando no se cumplen con las horas de sueño recomendadas, que vienen a ser unas ocho o nueve al día, se produce una reducción de leptina, que viene a ser una sustancia de tipo químico que manda la señal de que ya está lleno y que no necesita comer más. Por contraposición aumenta la segregación de la hormona grelina, la cual manda una señal al cuerpo que indica que aún sigue teniendo hambre, por lo que la persona no deja de comer.
  • La acumulación de circunstancias que se van viviendo y no se saben sobrellevar, hasta que se desarrollan los síntomas. Las emociones no expresadas y guardadas tienen mucha culpa, el no tener la persona adecuada con la que poder dialogar de las situaciones que son un problema o las dudas ante los inconvenientes que se pueden presentar en la vida. No todo el mundo tiene una persona que lo sepa escuchar y aconsejar y que le del apoyo necesario, quizá porque debido a su inseguridad necesita la mano de alguien para poder vivir de una forma más tranquila. En realidad, no se debería de necesitar a nadie, cada persona debería ser capaz de canalizar y buscar las respuestas a sus problemas, pero nadie nació con un manual de instrucciones para saber vivir, asique se aprende a base las experiencias, por eso mismo el no encontrar un base sobre la que sostenerse deriva en la aparición de patologías como son la ansiedad.
  • La acumulación de compromisos y tareas, que no tiene por qué llevar a cabo pero que se carga a la espalda, por pensar que puede con todo o porque los de fuera le vean con buenos ojos, pues la persona no sabe negarse, se suman a las obligaciones a las que sí que no se pueden negar de ninguna manera, ya sea con la familia o en el ámbito laboral. Todo suma situaciones no deseadas, a las que se acaba cogiendo miedo, cansancio y derivando en la ansiedad.
  • No poder disfrutar de momentos de tranquilidad y descanso para dedicarlos a uno mismo, sin pensar en los demás. Para poder enfocarlos a realizar ejercicios de relajación, renovando energías y sacando las tensiones acumuladas, a través del Pilates o el Yoga. Dedicando más horas al sueño o practicar algún deporte o actividad liberadora. Simplemente disfrutando de pequeños momentos donde poder mimarse y disfrutar de los momentos de silencio y soledad, que siempre vienen muy bien para reflexionar.
  • No saber emplear bien las técnicas de respiración, para frenar los nervios y destensarse evitando que se recurra a comer en exceso, pues al conocer cómo tranquilizarse enfocándose en cada respiración, los momentos de nervios se saben solventar y eliminar sin recurrir a otros factores externos. Normalmente consiste en inspirar contar hasta cinco mientras se mantiene la respiración y soltar el aire lentamente, esto se puede repetir las veces que sea necesario.

Factor psicológico del estrés

Cuando se produce un nivel de estrés importante, un parte del cerebro, en concreto la del hipotálamo segrega una sustancia que aumenta la masa grasa. Es por ello que cuando la persona se siente agobiada por distintos factores tiende a comer más, pero al liberar esa sustancia aquello que coma le va a engordar más que si lo comiera en una situación de calma.

Qué influye en su desarrollo:

  • La rutina y la falta de tiempo, hace que en muchas ocasiones durante el día la gente viva corriendo de un lado a otro, reduciendo las horas en las que come, duerme o descansa, todo eso tiene una consecuencia directa que es que las hormonas de cortisol se salen fuera de su estándar normal y se descontrolan, sobre todo cuando se produce un aumento de peso de manera inexplicable.
  • La obsesión por conseguir un cuerpo muy musculado, y pasarse horas y horas durante cada día de la semana machándose haciendo ejercicio, llegando a exceder lo debido también estimulan las hormonas de cortisol y las hormonas de la insulina, provocando que el musculo no pueda adoptar la forma deseada, es decir, frena su desarrollo debido a que hay una acumulación grande de grasa en el cuerpo.
  • Las personas que no pueden o no son capaces de tener una vida sexual activa, es decir, aquellas que se reprimen por diferentes factores psicológicos o porque no cuentan con una pareja para practicar relaciones sexuales, tienden a consumir más comida de la que deben, pues no pueden cubrir ese vacío sexual, y eso desemboca en tener ansiedad por comer.
  • Tener un ambiente de personas a las que se las denomina tóxicas, porque no te aportan cosas buenas, sino que te complican la vida, y te la hacen más difícil con su forma de ser, ya sea un jefe que te presiona demasiado en el trabajo, una pareja demasiado machista y egocéntrica que no piensa en ti y antepone su interés siempre, una amiga o amigo que siempre te pide favores y nunca es capaz de devolvértelos entre otras muchas situaciones. Todas esas circunstancias que vives como consecuencia de las personas que viven contigo o con las que compartes cosas durante tu vida, provocan una carga emocional que estresa y que empuja a la persona a sofocar ese estrés a través de la ingesta desmedida de comida.

Recurrir a alguien que sea experto en tratar estos factores, es una de las mejores alternativas para frenarlos y sanarlos. Los perjuicios son algo que mucha gente tiene en contra de los psicólogos, ya que se les suele relacionar con la gente loca o depresiva. Sin embargo, no hay mejor terapia que la que se puede recibir por parte de un profesional en este tipo de padecimientos mentales, pues a través de varias visitas durante un par de meses o menos, puede servir de mucha ayuda, ya que la persona encuentra en el psicólogo una especie de confesor al que le cuenta sus inquietudes, sus momentos de ira, enfado, sus frustraciones, que le provoca insatisfacción o culpa, y todas aquellas circunstancias que en su vida personal o profesional le duelan o le creen miedos.

Después de conocer todo eso el psicólogo determinará cual es la patología concreta que tiene y le pondrá inmediatamente un remedio. La solución puede ser simplemente seguir los consejos que este le indique, que le ayudarán a saber cómo controlar las situaciones y lograr que con el tiempo desaparezcan, parando la ingesta de comida de manera excesiva y por lo tanto, manteniendo un peso saludable después de haber logrado cumplir con la dieta que se había propuesto.

Otro de los beneficios por los que se recomienda la ayuda de un psicólogo es que, tras superar los estados de ansiedad y estrés que llevan a comer en exceso, se acabarán dando de lado a todos aquellos medicamentos, como pueden ser los esteroides o los corticosteroides, que aumentan aún más el hambre. Por otro lado, aquellos medicamentos que combaten los periodos de depresión y que tienen la consecuencia de engordar fácilmente, y por último los anti-psicóticos.  Ya que, aunque se conoce desde un principio y de hecho debe de informarse por parte de la persona que los receta, que de manera casi segura producirán un aumento de peso, la persona se ve medio obligada a consumirlos para paliar los procesos de ansiedad y estrés.

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