Si no tienes claro a que nutricionista recurrir, siempre es bueno pedir información, buscarla por internet, preguntar a gente cercana, amigos o familia que hayan recurrido también a ellos con anterioridad y que puedan recomendarte aquel con el que les fue mejor, aunque no hay mejor manera de saber escoger que yendo presencialmente a visitarlos y hacer una valoración en primera persona antes de decidir con cual puedes quedarte. Si tu economía es buena, puedes darte el capricho de visitar a los que más prestigio tengan.

El mejor médico nutricionista que podremos elegir será aquel que dedique el tiempo necesario en su consulta para conocernos bien e informarse de los motivos que nos llevan a querer hacer la dieta. Estudiará debidamente cada caso de forma cercana, averiguando las causas del exceso de kilos, que alimentos son los que más le engordan, y por lo tanto habría que eliminar o reducir su consumo. También debe de analizar en qué situaciones o que estados de ánimo, la persona se va a comer determinados alimentos que suelen ser grasa, o dulces, snacks y qué hacer para controlarlos y evitar ese consumo excesivo en un periodo corto de tiempo que hace coger muchas calorías de golpe. Deberá explicar a su paciente porque le conviene perder peso, detallándole las causas y explicándoselas razonadamente, siempre estableciendo uno o varios canales a través de los que se pueda mantener en contacto directo con él, para poder consultarle dudas, y creando una confianza muy necesaria para que todo salga bien. El paciente tiene que poder expresarse con toda libertad y que el nutricionista le escuche y sea capaz de contestar a sus posibles preguntas.

¿Cómo deben ser las consultas?

La primera cita con el nutricionista no tiene que ser ni demasiado larga ni tampoco muy corta, algo intermedio, como una media hora o cuarenta y cinco minutos. Lo primero que debes de contar es cuánto tiempo llevas con el exceso de peso, a raíz de que momento empezaste a engordar, si es algo con lo que prácticamente has nacido o antes eras una persona delgada y de repente tu metabolismo cambió y si es así cuales crees que fueron las razones o las circunstancias que te llevaron a engordar. Después de eso lo más común sería que te pesara para conocer cuál es el peso que en proporción a tu altura te correspondería tener. A continuación, debes de contar que sueles comer, las cantidades, si comes entre horas. Es importante entregarle un estudio de los antecedentes previos que quizá puedan influir en el peso actual que tienes. Para finalizar una charla algo más profunda donde la persona exprese cuáles son sus miedos, sus dudas, que momento actual está viviendo si es bueno o no, todo ello son factores que influyen de manera directa y que el nutricionista debe de conocer a la perfección para que pueda aportar la ayuda de manera personalizada y que sirva para conseguir la meta.

Las siguientes citas en la consulta pueden ser algo más cortas pudiendo durar entre veinte minutos o media hora, en ella se vuelve a pesar con bascula para hacer un seguimiento e ir apuntándolo, unos análisis de sangre, y una revisión para comprobar el estado de los órganos vitales, en qué nivel está el colesterol bueno y el malo, las transaminasas, los triglicéridos, glucosa en la sangre, la hormona del tiroides, así como los niveles de proteínas, vitaminas o su posible carencia. Una vez se obtengan los resultados y se ponga un nombre concreto a la patología, el nutricionista deberá dar una serie de consejos y asignar una dieta determinada totalmente personalizada, acompañada de una serie de ejercicios físicos que irán de menos a más. En ocasiones también se pide que se visite al psiquiatra para que haga un estudio y después entregarlo en la consulta, para ver si el consumo de comida puede estar relacionado con problemas psicológicos.

Estas siguientes citas se harán con un intervalo de unos quince días en un principio y después una vez al mes, después de uno meses la revisión será de un o dos veces al año según la persona lo necesite. En cada una de ellas el nutricionista sobre todo debe de motivar y animar al paciente, e indicarle los errores y la manera de hacerlo correctamente para que pueda aprender y no caer en los mismos fallos, para que la dieta pueda tener sus efectos en el cuerpo, y la persona no caiga en un estancamiento.

Si el objetivo se consigue, el nutricionista debe de hacer un seguimiento post dieta, para ayudar a que ese peso que se ha logrado conseguir con tanto esfuerzo y dedicación, no se vea aumentado y todo el trabajo realizado haya sido en vano. Siempre debe de tratar de conseguir que la persona se encuentre feliz durante el proceso y que el resultado le satisfaga, que no se deje presionar por la gente, y que simplemente siga los consejos de los especialistas y se deje llevar.

Información acerca de todos los productos de la dieta

El médico nutricionista siempre ha de estar bien informado de todo aquello que recete y aconseje comer o tomar, habiendo hecho un estudio previo para conocer la composición, los posibles efectos adversos, cuando tomarlo y por consiguiente explicárselo al paciente detenidamente, para que este también lo conozca bien, y sepa cómo utilizarlo. El nutricionista no debe de tener prisa en las charlas con sus pacientes, sino que debe de dedicar el tiempo necesario a cada uno de ellos, ejerciendo en ocasiones de consejero y empatizando con la persona que le toca tratar.

Un buen nutricionista hará una supervisión de la persona, y para ello le ayudará a establecer unos objetivos y una única meta que deberá cumplir. Por otra parte, también puedes consultar un dietista que te cree una dieta acorde a tu metabolismo y tus prioridades siempre con la aprobación y supervisión del nutricionista.

Alimentos y ejercicio

Entre los consejos que el nutricionista debe de incluir en cualquier dieta equilibrada han de estar principalmente la idea de comer sano, mostrándote que fallos cometías hasta ahora a la hora de comer y cómo sustituirlos por otros hábitos que si son adecuados. En ello entra dejar atrás cualquier tipo de dulce, bollería, postres, harinas refinadas, grasas, snacks, e incluir verduras, frutas y alimentos integrales. Las comidas se pueden dividir en dos opciones, o cinco veces al día en pequeñas cantidades o tres veces al día con alguna merienda, evitando sobre todo las comidas entre horas. En cuanto a los líquidos sobre todo beber entre un litro o litro y medio de agua y zumos verdes o de frutas naturales, así como infusiones adelgazantes como pueden ser tés rojos, verdes o blancos.

Por otra parte te deberá recomendar que empieces una rutina de pequeños ejercicios, bien sea en tu casa dedicándoles unos diez o quince minutos, trabajando de forma general las piernas, los brazos, el abdomen, utilizando una bicicleta estática, o saliendo con ella por los alrededores de tu barrio durante unos veinte minutos. Caminar, trotar o correr, también son ejercicios que ayudan a quemar grasa e ir adelgazando a través del sudor que expulsa el cuerpo. Si ninguna de estas opciones te gusta, y conoces un parque cercano, puedes ir a las zonas habilitadas que simulan a los gimnasios que están llenas de máquinas coloridas, y que también permiten movilizar varias extremidades y de manera gratuita, el único inconveniente que presentan es que al ser lugares públicos y sin coste alguno, reciben la afluencia de mucha gente, por lo que, si quieres utilizarlos sin tener espectadores alrededor, debes de buscar las horas en la que esté menos transitado.

Realismo ante todo

Una de las cualidades que debe de tener como buen nutricionista, es el ser realista, es decir, no puede venderte la moto de conseguir objetivo a corto plazo que a simple vista sean imposibles, sino que debe de guiarte poco a poco y ponerte una dieta que esté dentro de las posibilidades reales de conseguirse, haciendo entender al paciente que requiere de esfuerzo y sacrificio, y que en cada persona será diferente según sus cualidades físicas y psicológicas, o el tipo de metabolismo que tenga. Por eso no existe una dieta general para todo el mundo, siempre se debe de amoldar a las características de cada persona, porque no hay nada igual, y los platos que a uno le pueden servir a otra persona no le pueden ayudar en nada.

Un consejo fundamental para las personas que tengan ciertos problemas a nivel psicológico o personal y que no se vean con fuerzas para poder seguir con la dieta, porque la consideran muy estricta, porque haya acentuado esos problemas que ya acarreaban, aumentando el estrés, los nervios o cualquier otro aspectos, se les recomienda que paren, que hacer dieta no debe de ser un suplicio ni tener consecuencias negativas, porque el objetivo principal es que la persona sea feliz, y vaya disfrutando de sus cambios físicos. Así que en el momento en el que la persona sienta que no es momento adecuado, debe parar, y cuando realmente se sienta con fuerzas y ganas empezar desde cero.

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